El Regreso a Pedraza – Nivel 2
Category : Textos em espanhol
Por profe Eric Sukys
El sábado por la mañana, Elena estaba limpiando las gavetas de su piso en Madrid cuando encontró una vieja fotografía. En la foto, ella era una niña que sonreía en el patio de su antigua casa de campo. Como era el primer día de un feriado largo, decidió que era el momento perfecto para visitar ese lugar de su infancia, ya que estaba muy lejos de la capital e ir allí no era fácil. Fue a la estación y tomó un autobús hacia Pedraza, un pequeño y hermoso pueblo campestre. Mientras el autobús avanzaba por la carretera, los grandes edificios desaparecieron y los campos verdes de las montañas empezaron a surgir por la ventana.
Al caminar por las calles de piedra del pueblo, Elena cerró los ojos y recordó cómo era la vida allí. La casa era muy sencilla y humilde. No tenían calefacción moderna, solo una gran chimenea de leña en la cocina donde siempre había una olla con sopa. En el patio pequeño, su madre lavaba la ropa a mano mientras cantaba. No tenían lujos, pero el patio siempre estaba lleno de risas, vecinos que entraban sin tocar la puerta y gallinas que corrían de un lado a otro.
De repente, Elena sonrió al recordar al personaje más divertido del pueblo: el Señor Javier. Él era el panadero, un hombre bajito, muy alegre y siempre manchado de harina. El Señor Javier cruzaba la calle todos los días gritando: “¡Ha llegado el pan de oro, el más rico del pueblo!”. Pero lo divertido era su perro, un caniche muy pequeño llamado ‘Duque’, que siempre llevaba un trozo de pan en la boca y corría detrás de las gallinas de Elena. El Señor Javier siempre decía que el perro era el verdadero jefe de la panadería.
Cuando Elena llegó frente a la vieja puerta de madera de su infancia, escuchó risas en el patio. Decidió tocar suavemente. Para su sorpresa, una niña muy pequeña, con los ojos brillantes y el pelo rizado igual al de ella cuando era niña, abrió la puerta. Elena se emocionó mucho. En ese momento, la madre de la niña salió a la entrada. Elena, un poco tímida, sonrió y dijo: “Hola, no quiero incomodar… Es que yo moraba aquí cuando era pequeña”.
La madre de la niña sonrió con mucha ternura y calidez. “¡Oh, por favor, no incomodas para nada! Pasa, adelante. Esta casa tiene una energía hermosa”, dijo la mujer. Al entrar al patio, Elena sintió un delicioso olor a bizcocho de limón recién horneado y vio juguetes en el suelo. El Señor Javier ya no estaba en la calle, pero la magia y la felicidad de un hogar humilde continuaban vivos allí. Elena miró a la niña, tomó un trozo de bizcocho y sintió que su pasado y el futuro de esa casa estaban conectados.
